La algarabía inmarcesible de cristales que acompañó al majestuoso desfile de botellas de vino empezó a las 08:59 hrs, justo un minuto antes de que los supermercados abrieran sus puertas a la clientela habitual.
Entre sorprendida y alucinada, la multitud observó la solemne marcialidad “Entintada, Rosé y Ambar” que desplegaba tanta “Sertuina” embotellada, derrochando taninos por las calles de la ciudad de Mèxico, otrora ciudad de los palacios.
El movimiento logístico inició desde altas horas de la madrugada con la alerta de los primeros “tempranillos” insurgentes en expendios abiertos 24 horas.
Ahora se sabe que un ejército de Beligerantes Chiantis, dos batallones blindados de Merlot y Nebbiolo con artillería pesada de Syrah y Zinfandel salieron a la carga, con la premisa ineludible de obtener la victoria, fuera por los medios que fueran.
Era realmente en vano intentar romper las filas de la interminable caballería cristalizada que iniciaba su campal marcha, manifestándose contra la arbitrariedad y decidiendo entrar en huelga hasta nuevo aviso, debido a la negativa de Jamshid, Amilcar Navío y sus secuaces Isidro Pala al’hombro y Konstantino Avoirdupuis de no asistir a tierras aztecas a visitar la descendencia Zorontórica que ávida de intercambio sibarital y algo de turismo intelectual, iniciaba una campaña en pro de revertir un cúmulo de yermas negociaciones, desembocando inevitablemente en la ruptura de diálogo entre ambas partes, “dejando entrever una zanja de difícil concertación política” con el simple objetivo de que por fin, madamme Celine, arribara a la Gran Tenochtitlan en compañía del terrible e inamovible Don Antonio, que fiel a sus convicciones lanzaba arengas poderosas e irreversibles bajo el lema:
“Jamás negociaremos subyugados en el umbral del chantaje EMOcional y menos, óigase bien:
obedeceremos a presiones Epicúreas innecesarias”.
Una hecatombe de quesos solidarios se dejó venir como si fuera lava ardiente derritiéndose en burbujas de “fondue” por todo el supermercado, ahogando a más de diez niños que trataron infructuosamente de nadar entre tan espesa mescolanza de derivados lácteos y se confundieron con un millar de ratoncitos que habitaban en los agujeros del queso Gruyere.
La prensa nacional e internacional cubría con recursos tecnológicos escritos y audiovisuales tan inusitada manifestación de rebeldía. Así reportó evasiones de Vatriouschkas desde Kibbutz Judíos al sur de Rusia; a tal insubordinación se sumaron no solo los quesos Feta, los de cabra, el batallón de paracaidismo Gouda con Comino y los Queso Azul de la Marina, sino también las torpederas angulas, los cazones de aleta amarilla y el singular equipo de armamento de pechuga de narval que con huevos de esturión se unirían a la lucha sin cuartel ni descanso alguno hasta no encontrar una salida decorosa al conflicto, eso sí, antes de que el 2008, extinguiera la cuenta a la fecha.




Don Antonio, no haga sufrir a su hijo. Mire que al país, le cuesta caro esta insurgenica de vinos, quesos y alimentos de primera necesidad para nosotros los borrachos.